Paolo Sorrentino y la belleza
del cine italiano
Robert Linares · 14/11/2025
Es quizás el nuevo representante del cine italiano, como si al arte en ese país no fuese un representante en sí mismo. Paolo Sorrentino es un director que desde sus inicios ha buscado de manera consciente la transgresión a través del cine. Desde su primera película, L’uomo in più (El hombre de más). Sus relatos a través del cine nos hablan siempre de una sociedad arraigada en su ciudad; no se puede entender los personajes de Sorrentino, sin entender el hombre que nos quiere mostrar a través de Roma, Nápoles etc.
Si hay algo que lo caracteriza es la transgresión como una forma de vida. Su cine busca constantemente estirar los límites, no es un director cómodo al cual se le puede categorizar en un género en particular. Hasta ahora el cine de Sorrentino es profundamente polivalente, profundiza sobre la ironía, el realismo, la nostalgia y la sinceridad, todo ello englobado en un trabajo con altos estándares estéticos, que es lo primero que salta a la vista en cada uno de sus trabajos.
Paolo Sorrentino maradoniano
En el 2014, cuando recibió el Óscar a mejor película extranjera por La gran belleza, pronunció un discurso corto: “Gracias a mis fuentes de inspiración: Federico Fellini, Talking Heads, Martin Scorsese y Diego Armando Maradona. Y gracias a Roma, Nápoles y a mis grandes bellezas personales: Daniela, Anna y Carlo. Y gracias a mi hermano Marco y a mi hermana Daniela; y esto (la estatuilla) es para mis padres.”
En su breve discurso hay un reflejo de lo que es Paolo Sorrentino como director. Arranca agradeciendo a sus afectos e inspiraciones como cineasta, pero llega un punto que como buen napolitano le agradece a Diego Armando Maradona, quien trascendió las canchas y que los napolitanos lo sienten como uno de ellos. Pero más allá que Maradona fue el mejor jugador de fútbol de la historia, su vida misma fue de principio a fin cine en su máxima expresión. De inmediato retoma la normalidad, pasa a las ciudades de sus amores y vuelve a sus afectos. Tranquilamente, y me atrevería a decir, que sin casi modificar nada esto podría ser una escena de cualquiera de sus películas.

Una marca en el cine italiano
Pero cabe hacerse la pregunta ¿qué es el cine de Sorrentino? Por supuesto que es un cine que aún no ha terminado, que todavía se gesta en su obra inacabada, pero podríamos pensar en una búsqueda de un cine inquieto, trasgresor, crítico y profundamente italiano. Es un director que está atravesado por Roma y Nápoles. En cada una de sus películas lo muestra y con orgullo. No hay nada más romano que la iglesia católica y no hay un trabajo de Sorrentino que tenga de forma directa o muy sutil una crítica a la iglesia. Al igual que no hay nada más napolitano que Diego Armando Maradona, una referencia constante en sus films.
Si hay algo que pasa a lo largo de su trabajo es que bajo ningún concepto él se esconde o se solapa en un estilo o en su discurso y no se deja ver como director. Todo lo contrario, Sorrentino es las películas que hace y las películas que hace son Sorrentino. Una búsqueda atrayente y disruptiva con una crítica clara que hace que el espectador sea parte del relato. Con diálogos sencillos pero profundos. Haciendo siempre esa mezcla de cotidianidad con sofisticación, dos cuestiones que para nada están enfrentadas. Un discurso que sostiene la ironía y la claridad. En muchas ocasiones la ironía funge como un argumento cómico, en otros simplemente es un recurso que busca estimular el inconsciente colectivo sobre una determinada situación.

Parthenope, su más reciente creación
Su última película fue en 2024 y el camino de él como director pareciera que va en dirección a un lugar donde reposan los grandes directores. Terminará sin duda alguna haciendo cine de autor, ya en sus trabajos se puede reconocer ciertos rasgos distintivos. Ese cine que mezcla la realidad con la ficción desde un lugar muy fino que muchas veces cuesta reconocerlo. Parthenope es su más reciente creación. La crítica en palabras de Diego Garrocho resaltó en Ethic que “Sorrentino es un exorcista del exceso y había una belleza más grande que la que pudo imaginar para La gran belleza. Su Parthenope te rinde voluntariamente ante un universo de verdades y ficciones indistinguibles para las que Nápoles parece convertirse en la capital del mejor mundo que haya existido jamás.”
Cuando Diego Garrocho habla de su Parthenope, lo hace de una forma intencionada y correcta. Porque en gran medida de principio a fin a la historia de esta película lo que busca mostrarte es el Nápoles de Sorrentino, rebosante de belleza y donde la estética juega un papel importante. Pero a su vez se resalta el hecho de ser napolitano desde la mirada del director. Una vez más hizo un retrato social desde su perspectiva de la ciudad de sus amores.

Es cierto que en este trabajo hay similitudes que, desde mi punto de vista, más que similitudes son argumentos que en esta película evolucionaron con respecto a La gran belleza. El centro de la historia no estaba en un hombre sino en una mujer que posee una belleza deslumbrante, pero que a su vez no se sabe si esa característica es una suerte de carga para una protagonista que nunca le da la importancia que sí le da su entorno.
El mediterráneo y el verano nos invita a pensar desde la mirada del director que Nápoles es una ciudad que se ilumina de manera especial en los meses de verano. Es verdad que de cierta manera Paolo Sorretino utiliza la hipérbole para mostrarnos su Nápoles, pero esa exageración entrelaza una belleza que te hace pensar desde ese lugar que no se identifica qué tan alejados están de la realidad, que hacen un juego con lo que puede ser verdad o un simple y audaz recurso del director.
La gran belleza es su película más conocida y quizás la más reverenciada a la hora de hablar del director italiano. Me tomo el atrevimiento de recomendar el consumo de uno de los directores más importante del cine europeo, empezando de forma cronológica, puesto que es ahí donde se puede apreciar la evolución de su cine, de sus argumentos y de cómo ha ido de manera consciente sofisticando su discurso. Siempre sosteniendo el estilo que lo ha caracterizado desde el inicio. Por momentos parece que lo que hace el director es contar una historia que nunca termina, que tiene diversos capítulos pero que en definitiva siguen siendo la misma historia con los mismos personajes y con los mismos relatos.

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