Ideas de época. De Sarmiento
a Borges sobre la inmigración

Desde el optimismo hacia Europa hasta la problemática por la identidad
nacional. Discusiones alrededor de la inmigración en una Argentina en
construcción.

Ernesto Lorenz · 16/12/2025
Inmigración en Argentina. Sarmiento y Borges
En Notas sobre Facundo, Ricardo Piglia señala que para Sarmiento las analogías son un método de conocimiento y concepción del mundo. Comparar le permite definir, establecer las diferencias. En el Facundo, texto sin duda fundacional para la Argentina, es claro que se encarga de pensar a partir de dicotomías. Evidentemente, la más resonante y que ha marcado la historia política argentina es civilización y barbarie, una dicotomía que, al mismo tiempo, uno podría decir que deriva en otros paralelismos que aparecen en el texto: ciudad y campo o Buenos Aires y el resto de las provincias.
Recordemos para enmarcar brevemente en cuanto a la época y la línea en la que se inscribe, que Sarmiento forma parte de la generación del 37, grupo de intelectuales del que formaba parte también Juan Bautista Alberdi, Esteban Echeverría, Bartolomé Mitre, entre otros. A grandes rasgos, se encargan de pensar en torno a la cuestión por la identidad nacional y se posicionan como fuertes opositores al gobierno de Rosas, a punto tal que Sarmiento se tiene que exiliar en Chile y publica desde allí en 1845 el Facundo.

La Argentina y Europa

La mirada de Sarmiento a propósito de la población europea entra también en esta manera de conocer el mundo que señala Piglia. No por nada el texto abre con una cita en francés. Como bien ha señalado la crítica, esa cita supone una operación entre quien no puede leerla (la barbarie) y quien sí puede hacerlo (la civilización). En varios pasajes del texto aparece lo europeo ligado al progreso, la cultura, como una pieza fundamental para el proceso civilizatorio de la Argentina.
Inmigración en Argentina
Para Sarmiento, y esto se ve más adentrado en el texto en el capítulo 15, entre la Argentina y el progreso hay un escollo que es Rosas, una vez sorteado ese obstáculo, y a partir del influjo de la inmigración, el país puede empezar a recorrer la senda del progreso. Si uno indaga sobre las posiciones que tenían otros intelectuales que formaban parte de la generación del 37 se da cuenta de que no es muy diferente o aislado lo que sostenía Sarmiento, sino que formaba parte de discusiones de época. Autores como Alberdi, con sus matices, pensaban de manera similar en cuanto a la necesidad del influjo inmigratorio.
Sin embargo, estas discusiones y miradas hacia Europa de mediados de siglo XIX se inscriben dentro de un momento en particular. Ya entre fines de siglo XIX y comienzo del siglo XX efectivamente se da en la Argentina un proceso inmigratorio que conlleva un aumento cada vez mayor en la población europea. A raíz de esto, los problemas y temáticas que configuran el campo literario, intelectual, pasan a ser otros como consecuencia de todos los cambios que se producen en la sociedad para esta época.
Beatriz Sarlo en un texto llamado “Oralidad y lenguas extranjeras. El conflicto en la literatura argentina durante el primer tercio del siglo XX” plantea que se cierra un imaginario optimista respecto de la inmigración a comienzos de siglo XX. El inmigrante es un extranjero que se implanta ya no sobre un vacío original (la pampa, el desierto) o a la barbarie”, sino sobre una tipología nacional que ha sido desalojada para siempre.
Sarmiento y Alberdi sobre inmigración en Argentina

Inicio de siglo XX y un cambio de perspectiva

Las discusiones que ocupan a los intelectuales para comienzos de siglo XX pasan a ser entonces en torno a la problemática por la identidad nacional como consecuencia de la inmigración, de los distintos idiomas que empiezan a circular en la Argentina. La elite liberal de estos años deja de ver la inmigración como un futuro prometedor y pasa a verla como una realidad negativa. Entre los motivos no solo está la cuestión del idioma, sino que aquella inmigración que llega no es la que se esperaba. La mirada estaba puesta más bien en Inglaterra y otros países industrializados, cuando quienes terminaron llegando fueron de países más atrasados del sur de Europa. Otro factor decisivo fue el hecho de que esos inmigrantes trajeran ideologías con las que habían entrado en contacto en sus países de origen, como el socialismo o el anarquismo, lo que influyó en el accionar de la clase obrera.
Es en este contexto en el que Leopoldo Lugones publica El payador en 1916, una serie de conferencias que dio en el Teatro Odeón en 1913. Allí se encarga de poner al Martín Fierro dentro de un linaje que le de prestigio en relación a la poesía épica grecolatina, al mismo tiempo que lo ubica como poema que da cuenta de la identidad nacional. Lugones entabla una relación directa entre lo que es un poema épico y la nacionalidad, en la que su creación expresa la vida heroica de su raza. Desde ese lugar, ve en el gaucho el héroe y civilizador de la pampa, así como también el elemento diferencial y conciliador entre el indio y el español.
Lugones sobre inmigración en Argentina
Lugones se encarga de revalorizar los aspectos nacionales al mismo tiempo que tiene una mirada más despectiva del extranjero, como cuando en un pasaje se refiere a ellos como “plebe ultramarina” o cuando dice que “América no será jamás una nueva España, que podría venir toda su población sin que eso modifique su entidad”. Ya en 1910 Lugones en su libro Didáctica también es bastante contundente respecto a los extranjeros: “la cosmopolita tiende a deformarnos el idioma con aportes generalmente perniciosos, dada la condición inferior de aquélla. Y esto es muy grave, pues por ahí empieza la desintegración de la patria”.
Una lectura posible, a partir de lo que plantea Lugones, es que como el gaucho ya es un eslabón que conecta al argentino con las culturas civilizadas no es necesario ir a buscar la civilización en la inmigración, como sí sucede en Sarmiento. Ahora bien, la elección de Lugones sobre el Martín Fierro es sin duda muy arbitraria, dado que toma con pinzas el poema de Hernández, pero descarta el resto de la literatura gauchesca: “Así se cumple con la civilización y con la patria. Movilizando ideas y expresiones, no escribiendo sistemáticamente en gaucho”.

La mirada del Borges de los años 20

Esto último, entre otras cuestiones, es una de las cosas que Borges le va a criticar a Lugones. El criollismo en el que se inscribe Borges en los años 20 apunta a una recuperación de esa oralidad de la gauchesca. En aquello en lo que van a coincidir es en la revalorización de los aspectos nacionales por sobre lo foráneo. El criollismo que se puede ver tanto en El tamaño de mi esperanza (1926) como en Inquisiciones (1925) tiene que ver con una valorización de lo autóctono con cierto tono nostálgico, como se puede leer en “Queja de todo criollo”, donde hace una suerte de revisión de la historia argentina.
Para Borges ese presente de inicios de siglo es una degradación y hay un mundo criollo que se debería recuperar. Su posición respecto a lo nacional conlleva de esa manera una crítica al progreso. Como mencioné, ese criollismo incorpora entre otras cosas un trabajo con la oralidad, algo que aparece en sus textos de esos años (como cuando habla de “verdá” o “incredulidá”). Es decir, a diferencia de Lugones que desechaba la lengua gaucha, en el nacionalismo y criollismo de Borges esa oralidad es un valor frente a lo extranjero.
Borges sobre inmigración en Argentina
En esta línea, Borges se encarga también de criticar a Sarmiento en El tamaño de mi esperanza: “Sarmiento (norteamericanizado indio bravo, gran odiador y desentendedor de lo criollo) nos europeizó con su fe de hombre recién venido a la cultura y que espera milagros de ella”. En los años veinte Borges creía que Argentina era un país moderno que había dejado atrás la barbarie que había analizado Sarmiento en el Facundo, con lo cual su posición frente a esta cuestión, y en el marco de las nuevas problemáticas en torno a los extranjeros, es bien diferente. 
Lo interesante de todas estas líneas de discusiones es las transformaciones de época que van acompañando. Como bien señaló Sarlo, el vacío originario no era la problemática con la que se enfrentan los intelectuales de siglo XX, y eso modifica a su vez la mirada que se tiene sobre los extranjeros. Al mismo tiempo que surgen interrogantes acerca de la lengua de los argentinos y la identidad nacional, se necesita forjar una narrativa de anclaje sobre estos puntos clave.

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