Aunque conocida como poeta, la jardinería apareció en su vida mucho antes que la poesía.
A los 9 años Emily Dickinson empezó a estudiar botánica, pero fue recién cuando asistió a Mount Holyoke para estudiar en un seminario de la universidad cuando se abocó a lo que hasta entonces era un interés. Allí, motivada por profesoras dedicadas al tema, empezó a profundizar sobre la botánica. Entre 1839 y 1846 llevó a cabo su propio herbario. Recolectó, prensó y clasificó 424 especies de flores.
Su herbario es una puerta a la delicadeza, a la minuciosidad de un trabajo tan arduo como apasionante. Cada flor recolectada de la zona de Amherst (Massachusets), lugar donde nació, fue clasificada con su nombre correspondiente en la etiqueta con la que pega cada muestra.  
La Universidad de Harvard conserva el herbario original en la biblioteca de libros raros, pero lo digitalizó en su totalidad hace unos pocos años para que cualquiera pueda acceder a él. También se publicó por parte de la editorial Casimiro Parker un libro del herbario junto con una antología de poemas en torno a las plantas, flores y árboles.
“Se necesita un trébol y una abeja
para hacer una pradera,
un trébol y una abeja,
y soñar.
Soñar es más que suficiente
si las abejas son pocas.” – Emily Dickinson

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