Forrest Gump, la evolución
de un personaje
Robert Linares · 26/12/2025
Forrest Gump, ese joven del sur de los Estados Unidos que se superó a sí mismo y le ganó a la vida, no solo superó sus limitaciones físicas y cognitivas, hizo también de su condición un aliado. Supo utilizar su inusual inocencia a su favor. Esta idílica historia que solo puede generarse en Norteamérica nos muestra a un niño, a un joven y a un hombre que tiene la capacidad de hacer todo lo que se propone y de una manera destacada. No solo fue un gran corredor, sino también un excelente jugador de fútbol americano, como debe ser todo ciudadano de bien nacido al sur del río Misisipi.
Pero los lugares comunes del ciudadano promedio norteamericano siguieron apareciendo. Forrest, ya entrado en la adultez y convertido en todo un hombre, se alista al ejército a defender a la patria, siendo un soldado destacado. Esta historia en su desarrollo deja lugares y escena épicas que quedaron para la posteridad: Forest Gump corriendo por todo el país con abundante barba y con la atención de todos tras semejante proeza. La elocuencia de un joven inocente que vuelve de la guerra y le enseña su herida al presidente de la República.
El marco de la guerra
La guerra no fue un hecho aislado en la historia. No solo mostró a el Forrest soldado, sino que también enseña al amigo incondicional, puesto que en ese contexto se genera una relación de amistad que hace que el horror de la guerra sea más llevadero. En este caso la simbología de la película se convierte en obvia y evidente. Nos muestra algo que quizás para los latinos de América fue absolutamente normal y no había nada de extraordinario en esa relación entre un hombre blanco y hegemónico (Forrest Gump) con un negro nacido en el sur de la unión, Benjamin Buford Blue, “Bubba”, su mejor amigo. Lo particular de esta relación es que se genera en un contexto hostil. Hay que tener en cuenta que Forrest fue quizás el primer jugador profesional de tenis de mesa, fue corredor y jugador de futbol americano. En todos estos momentos nunca generó una amistad sólida y reciproca, lo más cercano a ello fue la que entabló con Jenny Curran, esa joven sureña que siempre estuvo a su lado desde que era un niño, ese amor platico que nunca fue correspondido.
Nadie en su sano juicio puede creer que la guerra es el contexto ideal para generar relaciones que no están directamente conectadas con el horror que trae en sí mismo un conflicto bélico. Los vínculos de la guerra esta emparentados con estancias largas en lugares dificiles y con mucha solidaridad con el que tienes al lado, pero con amistades que están sujetas al azar de los enfrentamientos. Muchas veces el mayor acto de confianza no es el resguardo de la vida, porque básicamente esta tiene su precio a la baja, sino entregarle la misión a tu compañero más cercano para que le haga llegar a su familia sus últimas voluntades, o simplemente una despedida póstuma.

En medio de una guerra, la historia nos muestra la construcción de una amistad atípica. Una de las señales más claras de este vínculo en formación es que ambos cuentan con esa inocencia que en un lugar como el ejército no está, cuanto menos, bien vista. Por lo tanto, ambas personalidades se atrajeron y mantuvieron una relación simbiótica. La típica escena que se repite con abundante frecuencia en los films de guerra, donde un soldado mal herido le hace prometer al otro que cuidará de su familia. En la historia de Forrest Gump, no fue la excepción.
Tras largos días compartidos en medio del trópico del sudeste asiático “Bubba” le cuenta a Forrest su mayor secreto. La intensidad en la amistad entre ambos nos marcaba que sería un vínculo corto. Los camarones fueron el hilo conductor de sus conversaciones, para “Bubba” el camarón y el negocio de los camarones representaba su sueño y su salvación. En el tiempo muerto de la guerra le pudo enseñar todo lo que hay que saber al respecto del negocio a Forrest.
A lo largo de la historia se ven las diversas facetas en la que se pude desempeñar Forrest. Fue un soldado que volvió de la guerra con honores, fue un jugador de muy alto nivel de tenis de mesa, corredor de fondo, hizo de altruista y también jugó fútbol americano. Si había algo que estaba muy claro es que tenía la capacidad de hacer todo lo que se propusiera y hacerlo a un nivel muy alto.

La película, en comparación al libro, mutiló al Forrest astronauta, jugador de ajedrez o luchador de wrestling. Tan solo once capítulos se adaptaron y se llevaron a la gran pantalla para llegar de esta manera al final de la historia. Pero hay una parte de todo el relato que no contempla los dos roles que cumple el personaje principal con el mismo nivel de eficacia y excelencia con los que había cumplido todos los anteriores.
Forrest se convirtió en pescador y empresario, todo ello sustentado en la amistad que sostuvo con ese hombre negro que conoció en su aventura por Vietnam. El éxito como pescador se le hizo esquivo, cosa que no era normal para el Forrest adulto que estaba habituado al éxito. Aun cuando en apariencia eso era lo que menos impostaba. Pero termino siendo, como era de esperar, un buen pescador.
Una amistad sin retorno
El teniente Dan recibió la más grande demostración de sensibilidad y a su vez el mayor acto de amor por parte del soldado Forrest Gump, le salvó la vida tras ser alcanzados por varios proyectiles. Esas heridas derivaron en la mutilación de ambas piernas. En medio del enfrentamiento el teniente Dan le dice a Forrest de manera lapidaria: “no te pedí que me salvaras. Maldita sea”. Esto marcaría un antes y un después en la relación de ambos personajes.
En una de las escenas más emotivas y clásicas de la película, en Nueva York y en medio de la celebración del año nuevo, el teniente Dan era el reflejo de un hombre que había sido alcanzado por la vida. En su silla de ruedas se podía ver a ese ser humano que existe pero no vive. “¡Si algún día eres el capitán de un barco de camarones, yo seré astronauta!”. Esta frase aparece en uno de los diálogos entre ese hombre que en la guerra fue uno de los soldados que su rango lo hacía a tener un carácter acorde a los estamentos marciales. Rudo, de voz fuerte y clara, de ese que asocia la sensibilidad con debilidad. Devastado por su realidad, se ve a un hombre que ante la llegada del nuevo año se queda absorto y sin mostrar un ápice de felicidad ante la algarabía general.

Forrest se convertiría en una especie de ángel de la guarda del rudo teniente Dan. También consiguió tener un barco pesquero y lanzarse a pescar los camarones tal y como se lo había recomendado “Bubba”. En ese momento es cuando le salva la vida de nuevo al teniente, tras convertirse en primer oficial como le había asegurado en Nueva York. En el barco, Dan le agradece a Forrest por haberle salvado la vida. Quizás esa vez en Nueva York Gump consiguió devolverle la vida a un hombre que hasta ese entonces había perdido cualquier esperanza.
El teniente Dan es la evidencia de cómo algunos personajes secundarios se pueden conseguir un lugar al mismo nivel que el personaje principal. Si bien Forrest Gump es un personaje casi insuperable y que ha trascendido generaciones tras generaciones, Dan comparte ese mismo nivel de relevancia en una historia que se ha convertido en un clásico. El teniente Dan es la mayor muestra de lo influyente y determinante que pueden ser las amistades, esas que ni el tiempo ni las circunstancias pueden afectar.

Recordá que si te gusta lo que hacemos podés suscribirte. De esa manera nos ayudas a seguir creciendo.




