Cómo ser el segundo sexo
en el siglo XXI

Mujeres a día de hoy siguen luchando por la igualdad de género.
Aun cuando se han dado pasos agigantados en una lucha que ha
sido ardua, todavía queda mucho camino que recorrer y muchos
espacios que ganar.

Yesenia Martínez · 27/11/2025
El segundo sexo, feminismo
Los últimos años las mujeres han sido el centro de la atención porque al parecer están logrando lo que tanto han exigido desde 1848.  Desde el siglo XIX, han aprovechado las olas de revoluciones para exigir lo que les ha correspondido desde siempre, pero que no se les ha permitido.
Desde la aparición de las primeras civilizaciones en los libros de historia y antropología se habla del hombre. Las mujeres han estado en un segundo plano, cosa que no reviste de ninguna novedad. La pregunta que cabe hacerse es: ¿qué es ser mujer? Cuando hacemos una revisión, vemos que la lucha de las mujeres es y ha sido conseguir el mismo espacio que han tenido los hombres, conseguir la igualdad entre ambos géneros; han hecho tanto que hasta un punto ha sido desgastante. La lucha ha sido destacar en todas las áreas profesionales existentes y exigir un lugar, pero ha sido a costa de sudor y lágrimas.
Hoy día, las mujeres buscan ser excelentes en la ejecución de sus trabajos u oficios, ser buenas para sus familias, madres y, sobre todo, compañeras. El tema es destacar y lograr conseguir ese espacio, en ello las mujeres han empeñado la vida. Por su parte, es preciso recordarles a las mujeres que la lucha por la igualdad no es una lucha de un día, ni de un mes, ni mucho menos de un año. Más cuando se trata de conseguir igualdad ante un género que ha construido el mundo a su imagen y semejanza. Se trata de una lucha con caminos que son espinosos y que en muchas ocasiones se encuentran trabas que hacen repensar el objetivo final.
Simone de Beauvoir, el segundo sexo

El segundo sexo, una lectura vigente

Ya lo dijo en 1949 Simone de Beauvoir cuando escribió El segundo sexo, uno de los libros mas importantes del siglo, incluso prohibido por el vaticano. Este texto es considerado una guía, para que entiendan los dogmáticos, una biblia; un libro donde se expresa con mucha claridad cómo los orígenes desde lo biológico y genético han marcado a la mujer. En el uso de “hembra” la filósofa destaca que desde que la mujer nace está diseñada para la procreación, y basta con ver que desde el nacimiento el primer regalo es un muñeco junto con la indicación de que es “su bebé”. De esa manera las mujeres desde el propio nacimiento tienen como deber el hecho de aprender y aprehender a ser madres. Desde ahí, las mujeres tienen la etiqueta que nacen para traer hijos al mundo, para parir. Su niñez ronda en torno a juegos domésticos y normas de ser “buena niña”, “comportarse”, “no protestar”, “respetar la autoridad”.
El sexo en la mujer no es más que la construcción que los hombres nos han querido asignar desde siempre. Socialmente, las mujeres están relacionadas alrededor del hombre o al mundo de los hombres. No se nos concibe como seres independientes. A lo largo de la historia, hemos podido estar donde ellos quieren que estemos, siempre con un tope. Contra ello nos hemos revelado, hemos ganado espacios, hemos podido decidir qué queremos hacer desde lo biológico. Nuestro cuerpo nos pertenece y con él podemos decidir en el mundo occidental, darle el uso que nos interese. Todavía quedan batallas que ganar, todavía quedan espacios en los que las mujeres somos vistas por y para maternar.
No ha sido fácil. Basta con revisar la historiografía, o sin ir tan lejos, la propuesta cinematográfica que hoy refleja cómo el sistema, llevado y conducido en su mayoría por hombres, construye relatos donde la mujer siempre juega un papel secundario. Aun cuando en los últimos años la revolución femenina ha tomado unas dimensiones como nunca antes lo había hecho. El relato y el discurso para contar cómo ha sido la lucha feminista en el último tiempo, en muchos casos, lo construyen hombres. Es como esa frase: “El opresor no fuese tan fuerte si no tuviese cómplice entre los oprimidos”.
Película Belén, Dolores Fonzi

Belén, otra mirada de género

Hace unos meses fue estrenada la película Belén, disponible en una famosa plataforma de entretenimiento. Relata el inicio para la legalización del aborto en Argentina. Sin ganas de hacer el famoso spoiler, Belén es la historia de cualquier mujer que es señalada y condenada solo por el hecho de tener un aborto espontáneo, qué tan lejos se puede llegar solo por el hecho de justificar el derecho de las mujeres a poder decidir.
Desde lo moral o religioso se califica al aborto como homicidio, pero nadie cuestiona el futuro de esa criatura que no recibirá los recursos necesarios y no, no hablo de lo económico. No todas las mujeres han sido creadas para ejercer la maternidad, aun cuando eso es algo que se le ha repetido a las mujeres hasta el cansancio desde el primer día de su nacimiento. Sin miramientos, sin poder refutar, para las mujeres la vida es una receta de pastel: cada ingrediente debe estar debidamente calculado y medido para que consiga ese nivel de perfección al que se ha invitado desde siempre por parte de una sociedad puramente patriarcal.
Ni hablar de la sexualidad, la cual ha estado marcada siempre por el hombre. La intimidad y el disfrute está supeditado a ellos. Si una mujer suele hablar abiertamente de su sexualidad o sus experiencias, es considerada y catalogada como vulgar o fuera de la norma. Vivir nuestra sexualidad o nuestro sentir ha sido criticado desde siempre, en el cine, en la literatura.

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