Kaurismäki, el director de lo
absurdo, estético y humano
Robert Linares · 29/10/2025
“Hollywood es la razón por la que hago filmes. Porque le odio. Y nunca iría allá o perdería mi tiempo viendo sus filmes. Lo admito, soy un muy mal cineasta. Pero me niego a hacer mierda. Malos filmes puedo hacer. Mierda, no”. – A. Kaurismäki
Hay una verdad que está muy cerca de lo absoluto y es que la vida en su composición es un absurdo. Partiendo de la pregunta, ya casi desgastada, ¿para qué sirve vivir? Ante ese interrogante la respuesta es la misma, para nada.
Levantarse, ducharse, salir de casa con altas o bajas temperaturas. Tomar el transporte público abarrotado de pares que tienen como destino su lugar de trabajo. Trabajar ocho horas de lunes a viernes, en el mejor de los casos. Esto hecho rutina durante cuarenta años. Evidentemente, todo este relato tiene sus variantes. Aunque esencialmente la clase trabajadora padece lo mismo en cada lugar donde esté: tener un trabajo que se hace por la creciente necesidad y no porque haya una relación directa entre el gusto y lo que se hace. Incluso hacer lo que te gusta es un privilegio en los tiempos que corren.
Todo ello se justifica con la determinación moderna de la reinvención, la nueva obligación individual para que te hagas cargo de las consecuencias de una vida y un sistema que no contempla las esencialidades de los seres humanos. Es más o menos como la tan bien ponderada, pero inexistente, más allá de estar en el discurso conservador, meritocracia.
Salir del trabajo y volver a casa con la misma sensación, que no sabes si es cansancio o si es resignación. Si es una declaración de principios o es en lo que nos vamos convirtiendo día a día. Llegar a casa y empezar el ciclo de vuelta. Arreglar el día siguiente que no debe y probablemente no sea muy diferente al anterior y así durante toda la semana.
El fin de semana, para ir a casa de mamá, ir de compras o ir al supermercado. Los más recatados, ir a la iglesia a intentar que se escuchen sus más enconadas plegarias y de esta manera puedo seguir relatando la cotidianidad del absurdo. Pero que la vida sea un absurdo en sí mismo no es una novedad y es hasta cierto punto poco interesante, puesto que lo realmente genuino es saber a atravesar ese absurdo y entenderlo como tal.
Llevar la vida y su más simple y plana cotidianidad al cine no es una tarea sencilla, porque en esos intentos se corren múltiples riesgos que por lo general son pendulares, puesto que puede que se toquen los límites. Se hace algo poco atractivo o se hace algo que, aparte de no ser atractivo, no tenga la cuota necesaria de interpelación que debe tener una película.

De lo absurdo a lo estético
Aki Kaurismäkis es quizás el director de lo absurdo. Se ha dedicado de manera artesanal a relatar la vida de los que no son nadie con una minuciosidad genial. Hacer de casos absolutamente normales y cotidianos, vidas profundas e interesantes. No se preocupa por grandes diálogos ni porque los personajes hagan una disertación muy sesuda de los que sucede en la historia que intenta contar. Su único interés es relatar el absurdo que significa vivir, de ahí en más empieza a desarrollar una historia que hace que cada uno de los espectadores se identifiquen a lo largo y ancho de la historia. Silencios incomodos y prolongados, silencios que se interpretan como una afirmación o el clásico silencio que es más claro que cualquier respuesta. Es en esta herramienta donde se puede percibir la influencia del director francés Jean-Luc Godard.
Hilario J. Rodríguez, en medio de una crítica de la obra de Kaurismäkis, dijo: “Los films del cineasta finlandés (…) nunca pasan de ser puro cine de diseño con apariencia de cine de autor”. Aun cuando considero que el cine de Kaurismäkis es un cine de autor, creo que el director no busca serlo con sus obras. Las pretensiones cinematográficas van por otro lado, una búsqueda constante en contar lo cotidiano como un hecho trascendental de la vida.
Es cierto que sus películas cuentan con una estética muy particular. En ese sentido, creo que el director nos muestra cada vez que realiza un film no solo cuánto le importa la estética en sus obras, sino que esa particularidad tiene que ver con los relatos que emprende, porque es cierto, como ya hemos mencionado, que relata la cotidianidad y el absurdo de la vida, pero lo hace desde la perspectiva de la clase obrera. No importa si son los trabajadores de Finlandia o Francia, para los trabajadores la vida es la misma siempre.

Impacto en la literatura
Sería muy ingenuo pensar que Kaurismäki deja algo librado al azar en su cine. Ni los silencios, ni los diálogos a medias, ni la estética de cada una de sus películas. Todo y cada uno de estos elementos están entrelazados con una genialidad única. La música es un ejemplo de cómo le interesa ser más un director del cine absurdo que crear obras de autor. Escuchar una banda de rock en medio de una escena que te invita a la nostalgia o un tango de Carlos Gardel es casi una afirmación de lo absurda que puede llegar a ser la vida.
En cada una de sus obras y con sus personajes Kaurismäkis quiere transmitir y manifestarse de forma constante como un europeo del norte, con la frialdad y la normalidad con la que se ejecuta la vida en los países nórdicos. Si bien la estética tanto técnica como escenográfica es un elemento que dan valor a la obra, no es la piedra angular del trabajo del director. Su búsqueda parte de un cine altamente estético y tiene como fin obras absurdas y profundas, pero asimismo la profundidad no está sujeta a una pretensión o elevación que deje al público afuera, sino todo lo contrario, esa profundidad parte de involucrar a los espectadores en su obra. Lo profundo de los films radica en la sencillez de la vida de los otros.
El discurso que maneja Kaurismäki siempre y bajo cualquier concepto se sitúa en el conflicto de clases. Si bien su objeto de relato son las clases medias o las clases medias bajas, es innegable que su cine es absurdo, pero su argumento es el conflicto de clase, es lo que motoriza su obra con denuncias que no son obvias, pero no por ello dejan de ser contundentes. Teniendo en el centro de ellas la debacle del estado de bienestar de los países europeos, donde es evidente que los que más sufren son los seres humanos, puesto que sus personajes, tal y como los presenta, pasan de ser ciudadanos comunes a encarnar a seres humanos en todo su sentido universal.

Influencias y reflejos
Kaurismäki en su obra muestra que sus influencias son claras. Nunca intenta esconderlas, ni escapar de ellas. Es un director que está atravesado por el cine norteamericano, los westerns sean quizás la más clara influencia en la cual se mueve el director finlandés. Películas en blanco y negro con cueros y fotografías que nos retrotraen a ese cine del “lejano oeste”.
Tampoco se puede pasar por alto los reflejos del cine del director francés y amigo de Kaurismäki, Jean-Luc Godard. Escenas que no dicen nada, pero necesarias, y la traducción de esa realidad, asumiendo la cotidianidad como única y más importante de las realidades, asegurando que todo parte y termina ahí, en la cotidianidad que no es otra cosa que en el ser humano. Porque se puede asegurar que, Kaurismäki, hasta el momento no ha sido un director que muestre una versatilidad en cuanto a su producción, y aunque sería una crítica de perogrullo, es legítima. Lo que si no se le puede imputar a la obra de este cineasta es que no hace un cine profundamente humano.

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